En su tremenda soledad y su terrible sensación de vacío, Ella inventa un personaje: La Donna di Lacrima. Como tal, todos los días a la hora en que las campanas tocan las doce, recibe en un lujoso ático a hombres que ansían conocerla atraídos por su misterio. Nunca muestra su cara, oculta tras una máscara, y nunca pronuncia una sola palabra. Nadie sabe quién es. Y, de repente, La Donna di Lacrima empieza a recibir cartas de alguien que dice llamarse L.
A decir verdad, el inicio del libro me enganchó ya con la terrible historia de la pérdida de Marco y Chiara. Se me ha puesto el nudo en la garganta alguna vez mientras leía sobre la angustia de la protagonista en su afán por saber qué ocurrió con su familia. Es fácil imaginar el dolor que puede sentir una persona en dicha situación. Y de ahí en adelante Ella se muestra como un personaje triste y hundido, sin ganas de vivir pero sin querer morirse. La tristeza impregna toda la historia, la soledad es la que llena prácticamente todas las páginas de la novela, esa sensación de fracaso y de desorientación en la vida. Hasta que otra persona tan triste y desdichada como ella se cruza en su camino sin hacer ruido, sin apenas mostrarse. Quizás la felicidad sí existe.
El final me ha parecido un poco apresurado, se resuelve demasiado rápido, y quizás llegado cierto punto hacia el final de la novela es incluso predecible. Aún así creo que ha valido la pena.
